Ya todo se intuye,
poco espacio hay para la sorpresa repentina,
las cosas se simplifican
de tal forma que no dan pie a la duda,
el pobre de espíritu se alimenta
difamando historias sin ton ni son;
pobre de él,
porque no verá ni conocerá verdades serenas.
Cada cual posee su verdad,
tan sólo varía la moralidad
con la que esta es tomada.
No queda espacio ya para el último compás,
sal y empieza a formar tu verdad,
créala despacio y con esmero.
Pon murallas ante el enemigo que quiere quebrantarla.
Ya todo pesa,
todo se hunde,
se quema,
se destruye.
Corazones vapuleados por piernas, por brazos,
por voces mezquinas
que se divierten
rondando las esquinas.
Corazones hundidos en alcohol,
en licor de melancolía
con aroma a mediocridad.
Basta.
Construye tu verdad,
pega los pedazos de frases tiradas
por la ciudad.
Se rumorea que ya no estás,
ya no gritas ni cantas.
Se dice que ya no; ya no, no pierdes palabras
para ganar carcajadas.
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