Tarde oscura, taciturna y silenciosa; tarde melancólica de una ciudad perdida, y en sus calles, unas farolas apagadas y otras tantas encendidas que parpadean soltando chispas. Triste invierno gris, helado y espeso. Cristales empañados de aquellos automóviles antiguos y desgastados. Recuerdos y momentos pasados rondan su cabeza; camina despacio, cabizbajo y sin rumbo alguno. Al cruzar la carretera divisa una cafetería modesta con un toldo de rayas rojas y blancas y en su interior, luces tenues y pocas personas. Decide entrar. Abre la puerta y se sienta a la vera de un anciano que toma su café mientras ojea el viejo periódico local.
- Perdone, ¿Qué que desea tomar?, pregunta el camarero desde la barra con un sucio trapo en sus manos.
Él quitándose su sombrero le responde, - Un chocolate caliente, por favor -.
De su gabardina marrón oscura saca una foto de una mujer de gran belleza, rubia de claros ojos azules y en sus labios carnosos, un carmin que reluce como las estrellas de la más oscura noche, La mira con ternura; la observa con un rostro pálido y lleno de dolor. Ojos llorosos pero firmes, su expresión es inexistente; sabe que la ha perdido y lo peor de todo es que es consciente de que jamás la podrá recuperar estando tan lejos. Su chocolate está sobre la mesa y de él sale un humo intenso, pero no se percata de ello hasta más tarde, puesto que no puede apartar su mirada de la fotografía.
Está inmóvil y su mente vuela cual pájaro parte de su nido; pero navega esa cabeza por la senda del recuerdo, un recuerdo doloroso y triste. Sorbo tras sorbo recuerda su sonrisa, sus manos acariciando su mejilla, su voz ligera y suave como el viento. Sabe que no podrá borrarla de su mente pero debe intentarlo y comenzar de nuevo. Decide marcharse. Deja el dinero en el plato de la taza y se levanta dejando aquel triste recuerdo sobre la desgastada mesa. Al salir por la puerta, el anciano que estaba a su lado le pregunta...
- ¿No olvida usted algo?
Y él con lágrimas en los ojos le responde saliendo del local…
- Ojalá..